Nos gastamos más de la
mitad de la vida buscando a alguien que se parezca tanto a nosotras, para llevarlo
a casa y podamos emprender una especie de aventura sentimental. Pero siempre
decimos que tiene que ser igual a nosotras, como si fuésemos la gran cosa. De
repente a una le pasa que después de un rato de tratar de conseguir a una
persona así, y luego de rechazar a quien no tenía nada en común con nosotras, con
aquella persona tan parecida se convierte todo en algo tan maravilloso, tan
organizado y tan perfecto, solo bastan, no sé,
14 días para aburrirnos totalmente de aquel hombre. Al día número 15
intentamos contactar nuevamente a aquel que no se parecía tanto, aquel con el
que no había nada en común, y después de charlar un rato llegamos a la
maravillosa conclusión de que para ser amigos, es importantísimo
ser bastante parecidos, pero para ser amantes, no hay nada mejor en el mundo
que ser DISTINTOS.
