No pienso las cosas antes de hacerlas. Soy impulsiva, muy impulsiva. Y no hay vez en la que no me queje de equivocarme, vivo quejándome y no intento corregirme. No voy a dejar de corregirme, me gustan mis errores. Si, tropiezo muchas veces con la misma piedra y me gusta, me divierte, me entretiene mucho. Pero haciendo un panorama general, hoy puedo contar (con los dedos) cuantas cosas aprendí de haberme equivocado tanto… puedo decirte que los amores eternos pueden terminar en una noche, suelen terminar en una noche… Puedo decirte que tus mejores y más grandes amigos y confidentes se pueden transformar en desconocidos en un abrir y cerrar de ojitos, también aprendí que nunca vamos a terminar de conocer a una persona de verdad, y que nadie nunca nos va a conocer completitos. Noté que todavía no se inventó nada mejor que el abrazo de mamá, que el ‘nunca más’ nunca se cumple, y hasta que el ‘para siempre’ siempre termina.
